Llegar al aeropuerto siempre conlleva cierto peso. No se trata de urgencia, sino de consciencia. Consultas la hora más a menudo de lo habitual. Percibes los pequeños retrasos. Y, en algún punto de esa tranquila anticipación, el aparcamiento del Aeropuerto de Málaga se convierte en parte de la experiencia, en lugar de ser simplemente un paso previo a ella.